Visita a Rastoke (Slunj)

Visita a Rastoke (Slunj)

A 90 km de Zagreb aproximadamente y poco antes de llegar a Gravobac (donde haríamos noche antes de visitar el Parque Nacional de los Lagos Plitivice), hicimos una parada en un pequeño pueblecito llamado Rastoke, que si bien puede pasar desapercibido y no entrar en muchos de los circuitos organizados por Croacia, para nosotros es un lugar precioso que bien merece una parada.

Rastoke (o Slunj, que es el nombre del municipio al que pertenece), conocido como la pequeña Plitvice, es un pueblecito muy pequeño enclavado en la montaña donde encontramos varios molinos de agua del siglo XVIII, algunos aún en funcionamiento. En Rastoke se inventó un peculiar sistema de lavadora, donde se colocaba la ropa en un tambor giratorio con agujeros orientados al flujo del agua y de esa forma la ropa giraba y salía limpia.

Esta ciudad recibió en 1969 el título de monumento nacional protegido.

A partir de 1991, la guerra entre serbios y croatas afectó mucho a esta región, y Rastoke vio como muchas de sus casas y puentes fueron destruidos e incendiados, salvándose milagrosamente sus famosos molinos.

En agosto de 1995 Slunj fue liberada y el gobierno croata restauró la ciudad para que recuperara todo su esplendor tal y como podemos disfrutar en la actualidad.

Cada molino contaba con dos o tres piedras que se utilizaban para moler grano trigo, maíz, centeno, cebada, mijo y avena. También cuentan que aquí en Rastoke se inventó una peculiar forma de lavar la ropa gracias a los molinos.

Lo mejor es empezar por la carretera que sigue paralela al río, donde podremos aparcar fácilmente. Aunque es de pago, el precio es aproximadamente de 1 euros la hora, y la visita a Rastoke no nos llevará más de dos horas. Desde allí tendremos unas muy buenas panorámicas de las cascadas, las cuales se forman al unirse los ríos Korana y Slunjcica.

 

Luego es el momento de cruzar el puente de madera para pasear por el interior del pueblo, donde algunas de sus casas parecen flotar sobre el cauce del río, algunas comunicadas solamente por pequeñas pasarelas. No os perdáis ni un sólo rincón para ver sus molinos y rodearos de relajante naturaleza, porque el tiempo aquí parece haberse detenido hace décadas y sólo se respira paz y tranquilidad.

Tras la visita, que no nos llevará más de dos horas, continuamos nuestro camino hasta Grabovac (20 km), donde descansaremos esa noche para empezar temprano al día siguiente la visita al Parque Nacional de los Lagos Plitvice.

 

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